Contar tus viajes de manera responsable
Hoy en día, ya no viajamos solo con una mochila, sino también con una audiencia. Así que mejor compartir estas experiencias de manera responsable.
Cuanto más hago scroll, más veo a influencers compartir contenido como si fueran dueños de los lugares que visitan, sin ningún respeto ni por las comunidades locales ni por los propios lugares.
Fotos de niños compartidas sin consentimiento, Reels sensacionalistas que refuerzan los mismos estereotipos, lecciones de moral dirigidas a las comunidades locales sobre cómo cocinar, cómo limpiar las calles…
En fin, la lista es larga.
Si aspiramos a un mundo más justo, más igualitario y menos colonial, es imprescindible cambiar la forma en la que contamos nuestros viajes y apostar por un storytelling respetuoso con los lugares que visitamos.
Al final, solo somos invitados. Y el respeto nunca debería ser una opción.
En este artículo, comparto contigo algunas claves para contar tus próximos viajes de forma más responsable.
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EL STORYTELLING ES EL ARTE DE CONTAR UNA HISTORIA PARA TRANSMITIR UN MENSAJE, UNA EMOCIÓN O UNA VISIÓN.
En el contexto de los viajes, no se trata solo de mostrar imágenes bonitas, sino de dar sentido a lo que compartes: explicar un contexto, contar un encuentro, poner en valor una realidad.
Cada contenido que publicas es una interpretación de la realidad. Y esa interpretación influye en la forma en la que otras personas perciben un destino, a su gente y su cultura.
En otras palabras, contar un viaje nunca es algo neutro. Es, en sí mismo, tomar posición.
1. Evita el síndrome del salvador
El colonialismo nos ha dejado muchos legados, entre ellos el famoso white savior syndrome.
En aquella época, los colonizadores se daban la misión de aportar educación, religión o cultura, como si las poblaciones locales y sus formas de vida tuvieran menos valor. Había que “salvar”.
Simplifico, por supuesto, pero ya entiendes la idea. Hoy en día, ese sentimiento de superioridad se traslada al turismo a través del llamado síndrome del salvador, que se manifiesta en relatos donde el viajero “ayuda”, “apoya” o “aporta” a destinos presentados como dependientes.
Este tipo de narrativa refuerza relaciones de dominación, sitúa al viajero en el centro de la historia y borra las realidades, las capacidades y las iniciativas de las personas locales.
>>>> Cuando cuentes tus viajes, no te pongas como el héroe. Muestra la realidad del lugar en toda su complejidad, valora las iniciativas locales y deja espacio a quienes viven allí.
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2. Da visibilidad a las personas locales
Si realmente quieres dar una imagen fiel del lugar que visitas, no puedes limitarte a ofrecer únicamente tu propia visión.
La de una persona privilegiada que está de paso y que no alcanza a comprender todos los matices.
De hecho, incluso pasando tres meses en un destino, tu experiencia no es nada en comparación con la de alguien que ha vivido allí durante 30 años.
Por eso es importante dejar que las personas locales se expresen sobre sus realidades, sus condiciones de vida y los desafíos que enfrentan en su día a día.
Por supuesto, no tienes que entrevistarlas necesariamente, pero puedes, por ejemplo, poner en valor iniciativas locales, dar visibilidad a proyectos o simplemente tomarte el tiempo de conversar para enriquecer tu comprensión del lugar.
También puedes darles la palabra directamente a través de colaboraciones o conversaciones grabadas, siempre con su consentimiento informado.
>>>> No te limites a contar un lugar: deja espacio a quienes lo viven. Dar visibilidad, colaborar, escuchar… también es viajar de manera responsable.
3. Respeta a las comunidades locales
Aunque tu directo de Twitch implique grabarte mientras descubres Mozambique, intenta aplicar el sentido común. Infórmate antes sobre dónde puedes grabar sin molestar a las comunidades locales.
Sí, puede que tu contenido pierda algo de espontaneidad, pero ¿no es más importante respetar a las personas implicadas?
Si alguien rechaza ser grabado, sigue tu camino sin insistir.
Y si aceptan, asegúrate de contar con un consentimiento realmente informado. No se trata solo de pedir permiso para aparecer en cámara, sino también de explicar en qué contexto se usarán esas imágenes y cómo las vas a presentar.
Grabar a alguien con su consentimiento para luego criticar públicamente su restaurante o su forma de vida es, por ejemplo, profundamente irrespetuoso.
En cuanto a los niños, no los grabes ni les tomes fotos, incluso si tienes el consentimiento de sus padres.
Por un lado, porque probablemente no lo harías en tu propio país. ¿Por qué algo que te parece inaceptable en casa sería aceptable en otro lugar?
Por otro lado, sabemos que muchas imágenes de menores publicadas en internet son utilizadas con fines malintencionados.
>>>> Grabar a alguien no te da derecho sobre su imagen. Pide permiso, explica, respeta y acepta que, a veces, lo mejor es no grabar nada.
4. Da siempre contexto
No puedes llegar a un país, tomar algunas fotos o vídeos y publicarlos con tu propia interpretación como si fueran verdades absolutas. Es a la vez reduccionista y poco respetuoso.
En cualquier parte del mundo, un momento, una anécdota o una historia es el resultado de múltiples factores: sociales, políticos, culturales, religiosos, educativos… Nada existe de forma aislada. Comprender un lugar implica precisamente tener en cuenta esa complejidad.
Compartir un vídeo de unos segundos sin contexto es correr el riesgo de distorsionar la realidad y reforzar estereotipos ya muy arraigados.
Publicar un vídeo de 30 segundos de una mujer trans en la India pidiendo dinero, acompañado de quejas, da una imagen totalmente sesgada de la situación.
Sin contexto, no se entiende qué la ha llevado a pedir dinero. Y es fácil ver que una situación así es el resultado de un entorno donde lo social y lo político tienen un impacto directo.
>>>> Un contenido sin contexto puede convertirse fácilmente en un contenido engañoso. Antes de publicar, tómate el tiempo de entender, matizar y explicar lo que estás mostrando.
5. Reconoce tu posición
El colonialismo ha dejado huellas profundas, especialmente en la forma en que se han construido y percibido ciertas jerarquías entre las poblaciones.
Aún hoy, estos esquemas influyen en nuestra manera de ver el mundo.
Como viajeros, a menudo pensamos que nuestra educación es mejor (hemos visto el mundo), que somos abiertos de mente (conocemos a personas muy diversas). Pero no es así.
No tenemos la verdad absoluta, ni la legitimidad ni las claves para interpretar plenamente las realidades de los lugares que visitamos. Ser consciente de ello ya es dar un paso atrás y aprender a mantener tu lugar.
Tampoco hay que olvidar que son nuestros privilegios los que nos permiten acceder a ciertos espacios.
Las personas blancas pueden viajar más fácilmente a muchos lugares del mundo. Quienes tienen un pasaporte occidental cruzan fronteras con mayor facilidad. Y nuestros euros o dólares nos sitúan en una posición de poder frente a las comunidades locales.
Todo esto influye en la manera en la que vivimos el viaje… y, por tanto, en cómo lo contamos y lo compartimos. Por eso es imposible no mencionarlo cuando hablamos de storytelling de viajes en redes sociales.
>>>> Reconocer tus privilegios no es sentir culpa, es contextualizar. Cuenta tus experiencias siendo consciente del lugar que ocupas, no como si no existiera
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Espero que este artículo te haya dado algunas claves para compartir mejor tus viajes, especialmente si tienes una gran comunidad, pero no solo.
Tomar conciencia de los hábitos que hemos heredado del colonialismo es fundamental si queremos una industria turística más igualitaria y respetuosa con las poblaciones locales, estén donde estén.
